martes, 21 de octubre de 2008

Errores científicos de la Biblia

Título: Errores científicos de la Biblia
Autor: Emilio Ferrière
Año: 1904
Páginas: 424

Argumento: Es un ensayo de crítica al Concilio de Trento y a la asunción literal de los contenidos de la Biblia. Se exponen las principales discrepancias entre los resultados científicos más "actuales" y la interpretación bíblica, y se propugna la reinterpretación de los textos sagrados, como se hace con otros documentos históricos.

Valoración: Hace ya algún tiempo, tuve la fortuna de encontrarme con este "bicho raro" en la tienda de antigüedades de mi tía. Lo primero que llama la atención al comenzar la lectura es la formalidad típica del hombre de ciencia de aquella época, que quien haya leído libros de matemáticas "antiguos" reconocerá enseguida. Se trata de una formalidad en los conceptos, y no en las formas, conforme a la costumbre de utilizar el lenguaje más natural y comprensible aun en los textos de carácter más técnico.

El libro se divide en una introducción y varias partes. La introducción explica de manera concisa pero completa todas las fases de la formación de la Biblia, explicando el origen de cada uno de los textos que la componen. A continuación hay 8 partes, en cada una de las cuales se analiza un aspecto de la realidad, su interpretación científica y su interpretación "literal" bíblica. Estas 8 partes son: cosmogonía (creación del mundo), astronomía (constitución, formación y disposición de los astros), metereología (especialmente el diluvio universal), zoología (organización del reino animal), botánica (clasificación de los vegetales), geología (formación de la superficie terrestre), fisiología (condiciones vitales de las plantas y de los animales) y física (especialmente el arco iris).

Al margen del interés que cada uno tenga en aprender o leer acerca de la Biblia y sus orígenes, recomendaría la lectura de este libro para comprender el pensamiento científico que existía hace un siglo (no muy lejano al actual). Además, las explicaciones científicas son bastante extensas y sencillas de comprender, de modo que es una oportunidad para conocer, por ejemplo, la teoría de Laplace acerca de la formación de los planetas. Por otro lado, personalmente estoy completamente de acuerdo (ya lo estaba antes de descubrir el libro) con el autor en su defensa de la exégesis de la Biblia y su crítica al Santo Concilio de Trento. Y que el título no dé lugar a malos entendidos: no se trata de un científico criticando a la Biblia, sino de un creyente (se nota en sus palabras) que quiere una Biblia renovada y revalorizada, acorde con las cosas que se van aprendiendo de ella y del mundo.

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